viernes, 3 de octubre de 2008
viernes, 18 de julio de 2008
Entre las piernas
Encontré un poema estupendo acerca del lugar más sublime del mundo.El enlace es este: CLIC AQUÍ, vía Mi Jardín Prohibido.
Palmas.
martes, 15 de julio de 2008
Julito y María
Julito siempre andaba pensando en las mujeres. No tenía ni siquiera doce años y ya veía a las otras niñas de su edad como futuras esposas. Su imaginación no llegaba para tanto en ese entonces pero imaginaba a las jovencitas con las que se veía en ropa de baño; es más, imaginaba a todas las chicas de su salón del cole en ropa de baño mientras le rodeaban y le dan besos, en la mejilla, obviamente.
Julito era incapaz de dirigirle el habla a las mujeres; les tenía pavor. Sin embargo, Carla, una compañera suya, de quien Julito estuvo enamorado desde el primer grado de primaria, empezó a interesarse en él, al punto de tomarle del brazo mientras estaban en el recreo. Julito se sentía en las nubes. Aunque luego se dio cuenta que Carla solo lo hacía para sacarle celos a su ex novio, Víctor, Julito se hacía de la vista gorda y acompañaba a Carla a su casa, iba a verla después de clases, los fines de semana, salían a caminar, etc. Lo que Julito no quería admitir es que Carla lo estaba utilizando, pues, como Julito representaba el prototipo de mongo del salón se convertía en la persona ideal para sacarle celos a Víctor, el papi del salón.
Fuera como fuera, Julito empezó a sentir más confianza con las mujeres. Cuando Julito estaba en el último año llegó al extremo, insospechado tratándose de él, de escribir una carta a Regina, una chica de su salón, de quien Julito se sentía profundamente atraído. Regina no era la chica esplendorosa por quien un chico volteara para encandilarse, no. Regina era una chica muy inteligente y con una personalidad muy fuerte, muy decidida y muy segura de sí misma. Julito nunca terminó de entender por qué fue que Regina le provocó tanta atracción; hasta la veía hermosísima, a pesar de que, siendo objetivo, no era más que una chica común y corriente en lo que a aspecto se refiere. Para sorpresa suya, Regina aceptó a Julito como novio. Julito no cabía en su cuerpo de felicidad, pero también se encontraba muy nervioso, pues no sabía cómo comportarse, era una situación nueva para él.
La relación entre Regina y Julito será materia de una futura entrada. A quien Julito evoca ahora es a María. Era necesario mencionar a Carla antes, pues fue Carla quien le dio a Julito ese aire de chico interesante que antes no tenía. Sin proponérselo, Julito pasó a ser el chico más interesante de su año. Julito era un chico guapo, pero no tanto, muy aseado, con una personalidad noble, que irradiaba confianza, muy inteligente, pero un poco corto para los deportes, flaco pero guatón. Fue así que María, amiga de Carla, empezó a interesarse en Julito. Le llamaba, le escribía carta, le decía que lo quería como amigo, se sentaba a su lado, etc. Incluso a veces conversaban sobre cosas íntimas, lo que a Julito le hacía perder la cabeza, pues imaginarse a María, quien era muy guapa, hacer todo lo que decía que hacía le empalmaba.
Pues fue cuando la relación entre Julito y María estaba en este punto, que Julito le pidió a Regina ser su novio. María se quería morir. Obviamente, no le dijo nada a Julito, es más, aplaudió la noticia, pero por dentro le empezó a agarrar una bronca a Regina.
Julito y Regina fueron a la fiesta de fin de año como novios. Ambos estaban radiantes de felicidad. Pero se hizo una fiesta paralela en la casa de uno de los chicos a la cual Regina no fue, pero sí Julito. Y María estaba en aquella fiesta.
María había ido con un jean apretadísimo y un polo negro en igual condición. Julito, al ver a María, notó que el jean le quedaba tan apretado que en condiciones normales debería habérsele notado el calzón, pero no se notaba, así que Julito llegó a la conclusión de que el calzón debió haber sido realmente muy pequeño para no notarse con un jean tan apretadísimo.
María tomaba muchas cervezas y trataba de acercarse a Julito a cada rato. Julito se alejaba de María porque olía a cerveza y porque se había dado cuenta de que estaba muy melosa. Pero Julito no pudo escapar de las insistencias de María y tuvo que bailar con ella salsa. María se pegaba a Julito más de lo debido, por lo que Julito empezó a perder la cabeza nuevamente y empezó a reprocharse el no haberse puesto unos calzoncillos más apretados, pues su verga estaba completamente enhiesta. María lo notó y empezó a moverse sutilmente juntando sus piernas sobre el sexo de Julito. Felizmente, para Julito, la salsa terminó y fueron a sentarse. Pero terminó siendo peor, pues ya sentados María sin remilgos estampó sus labios sobre los de Julito, y Julito no pudo hacer nada más que seguir el ritmo, a vista y paciencia de todos los demás chicos del salón.
Julito se ofreció acompañar a María a su casa, que no era muy lejos. Durante todo el camino estuvieron besándose intensamente. Julito tuvo que admitir que María besaba muy bien. Julito la tenía tomada por la cintura apretándola hacia sí, y María no oponía ninguna resistencia, pues en ese momento no había nada tan placentero como sentir su propio sexo friccionado por el de Julito, aunque fuera con ropa encima. Julito tuvo que detenerse; imaginaba, mientras miraba a María a los ojos, que ella sería la primera mujer de su vida. Estaban ambos tan arrechos que de haber estado dentro una casa hubieran terminsndo haciéndolo una y otra vez. Pero no, María y Julito estaban en plena calle, de madrugada sí, pero en plena calle. Además no tenían protección. Y lo más preponderante de todo, Julito había tomado la determinación de que lo haría con la mujer con quien se casaría. Pero María no tenía ningún pero en mente. María realmente estaba enamorada de Julito. La virginidad no era algo que ella le importara mucho, pues ya no era virgen, pero sí sentía amor por Julito y sabía que solo tendría esa noche para ellos, pues al día siguiente Julito, de tan buen corazón, se arrepentiría de todo e iría donde Regina. Así que María tomó la iniciativa y continuó besando a Julito, le cogió sus manos y las dirigió hacia sus pechos. Julito acarició suavemente los pechos de María y se detuvo allí intuyó que se situaban los pezones para rodearlos cariñosamente. María comenzó a jadear. Julito le besó el cuello a María mientras sus manos seguían entregados a sus pechos. Lentamente sus manos exploraron el cuerpo de María hacia el sur hasta que llegaron al trasero. Julito lo agarró, lo apretó, lo midió, lo atrajo hacia sí, le dio la vuelta a María y colocó su falo sobre el trasero de María a la vez que sus manos, ahora en el norte, reencontraban sus pechos. María estaba colorada, las mejillas calientes denotaban que estaba muy húmeda; pensó que a pesar de que ya lo había hecho antes nunca se había calentado tanto, nunca la había tratado con tanta ternura, ni con tanta fuerza en el momento en que ella quería que sea fuerte.
Pero el cielo empezó a aclararse. Las primeras bocinas empezaron a sonar y María, en un esfuerzo por recobrar la cordura, recordó que su tío salía temprano a regar el jardín. Muy contrario a sus deseos tuvieron que tranquilizarse y enfriarse. Se dieron un beso en los labios a manera de despedida.
Julito, hoy, recuerda a María con sentimientos encontrados. Siempre quedará en él la duda de qué hubiera pasado de haber continuado y de que la noche no se haya acabado tan rápido. Volvió a ver a María un par de veces más, pero María demostró que había olvidado el asunto y al menos se había esforzado porque pareciera así.
jueves, 10 de julio de 2008
La primera vez
La primera vez que Julito estuvo en la cama con una mujer fue cuando tenía siete años. Sexualmente hablando, esta experiencia no sirvió de nada, pues sólo permaneció acostado al lado de una niña de ocho años como parte del juego del papá y la mamá. No hubo besos, no hubo caricias, no hubo nada de nada. Y qué quieren que pase, Julito era solo un niño. Pero Julito siempre lo recuerda.
En lo que respecta a experiencias sexuales la más lejana se remonta a sus quince años. Julito salía una adolescente de trece años. Eventualmente iban a la casa de Julito aprovechando cuando sus padres no estaban en casa. Cuando Julito recuerda a Gina, así se llamaba la susodicha, lo primero que se le viene a la mente es que a ella le gustaba besarlo hasta el cansancio. Eran de esos besos envolventes, que apenas te dejan respirar, impropio para una adolescente de trece años. A Gina le gustaba enredar su lengua con la de Julito mientras éste la apretaba hacia sí con sus largos brazos.
Un día Gina y Julito estaban echados en la cama. Nunca había pasado nada entre ellos, bueno, es decir, nunca había pasado nada más allá de besarse apasionadamente, que Julito le agarre el trasero a Gina, y que Gina se siente con las piernas abiertas sobre Julito; nada más allá. Pero ese día Julito besaba mucho a Gina en el cuello; Gina se volvía loca. Gina no pudo aguantar más y se abalanzó sobre Julito, lo tumbó en la cama y se montó sobre él moviéndose frenéticamente mientras le daba sus besos acostumbrados. Julito aún mantenía la cabeza. Julito se moría por tirar con Gina, pero había decidido que no lo haría porque estaba mal. Sin embargo, sentir a Gina sobre él, friccionando su sexo sobre verga dura, estaba por hacerle perder la cabeza. Gina ya le había quitado el polo y lo había dejado en short. Gina tenía un polo blanco sin mangas y una faldita microscópica, así que mientras estaba en su vaivén sobre la pinga de Julito, la faldita se le había subido y más parecía una correa que una falda. Julito nunca había visto a Gina en calzón; al verla su mente quedó en blanco y ya no pensó más. Se entregó completamente a besar a Gina, a jalarle los pelos, a buscar sus incipientes pechos, a agarrarle el trasero, a cogerla por la cintura tratando de juntarla más hacía él. Estaba por bajarse el short para liberar su sexo ansioso cuando Gina paró.
Fue muy oportuno que Gina recuperara la cabeza justo cuando Julito había perdido la suya. Se levantó y le dijo a Julito que basta. Julito asintió con la cabeza y se apresuró a ponerse el polo. Gina se fue el baño. Demasiadas sensaciones para dos adolescentes de quince y trece años.
Años después Julito recordaría esa vez como la primera en la que interactuó con una mujer, pero también admitiría que fue oportuno que Gina haya parado, pues la primera vez que tuvo sexo con una mujer, mucho años después, fue con quien se convertiría en su esposa.
Un día Gina y Julito estaban echados en la cama. Nunca había pasado nada entre ellos, bueno, es decir, nunca había pasado nada más allá de besarse apasionadamente, que Julito le agarre el trasero a Gina, y que Gina se siente con las piernas abiertas sobre Julito; nada más allá. Pero ese día Julito besaba mucho a Gina en el cuello; Gina se volvía loca. Gina no pudo aguantar más y se abalanzó sobre Julito, lo tumbó en la cama y se montó sobre él moviéndose frenéticamente mientras le daba sus besos acostumbrados. Julito aún mantenía la cabeza. Julito se moría por tirar con Gina, pero había decidido que no lo haría porque estaba mal. Sin embargo, sentir a Gina sobre él, friccionando su sexo sobre verga dura, estaba por hacerle perder la cabeza. Gina ya le había quitado el polo y lo había dejado en short. Gina tenía un polo blanco sin mangas y una faldita microscópica, así que mientras estaba en su vaivén sobre la pinga de Julito, la faldita se le había subido y más parecía una correa que una falda. Julito nunca había visto a Gina en calzón; al verla su mente quedó en blanco y ya no pensó más. Se entregó completamente a besar a Gina, a jalarle los pelos, a buscar sus incipientes pechos, a agarrarle el trasero, a cogerla por la cintura tratando de juntarla más hacía él. Estaba por bajarse el short para liberar su sexo ansioso cuando Gina paró.
Fue muy oportuno que Gina recuperara la cabeza justo cuando Julito había perdido la suya. Se levantó y le dijo a Julito que basta. Julito asintió con la cabeza y se apresuró a ponerse el polo. Gina se fue el baño. Demasiadas sensaciones para dos adolescentes de quince y trece años.
Años después Julito recordaría esa vez como la primera en la que interactuó con una mujer, pero también admitiría que fue oportuno que Gina haya parado, pues la primera vez que tuvo sexo con una mujer, mucho años después, fue con quien se convertiría en su esposa.
Etiquetas:
adolescente,
amor,
gina,
primera vez,
sexo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


